martes, 30 de julio de 2013

Inventor de la Luz - Manuel Manzano



«El inventor de la Luz » Manuel Manzano


Cuando de conspiraciones de la iglesia católica o de alguna rama de ella hablamos, siempre no viene a la mente libros como “El código Davinci”, “Ángeles y Demonios” , entre otros. En esta ocasión, Manuel Manzano; un escritor español que reside en Barcelona, nos borda una historia diferente y a la vez similar. 

En este libro no encontraremos un gran despliegue de pistas que nos lleven a analizar un puzle existencial, ni tampoco vamos a hablar exactamente de la institución de la  iglesia católica.  Lo que vamos a encontrar son dos historias separadas por los parámetros del tiempo, pero unidas con una finalidad, con una malsana ambición y algún tipo de tráfico  de arte que no está dentro de los deseos de su creador original al momento de realizarla. Hablamos de una modificación a uno de los frescos más representativos de la historia universal.  
Con un lenguaje coloquial  y amenizado, Manuel Manzano,  nos teje dos historias paralelas que dejarán con la boca más que abierta a muchos. Por un lado, tenemos una historia que puede desencadenar muchos cambios sobre las biografías oficiales aceptadas de los artistas del renacimiento más destacados. Vemos inmiscuidos a personajes como Michelangelo Buonarroti, como base fundamental de la primera y segunda historia.  Raffaelo Sanzio, la poetiza Vittoria Colono y otros personajes que llevan sellos papales  en la iglesia católica. En primera instancia, creemos que Anne es quien dará vida a toda la novela, craso error, al ir avanzando entre las páginas se percibe que en realidad los protagonistas y en lo que se sustenta la novela es una vieja enemistad entre Michelangelo y Raffaelo. La veracidad histórica de esa enemistad queda perdida entre la capacidad del autor para volverla amena y real.  

En la primera historia, Anne, una joven historiadora de arte obsesionada con el maestro de maestro Michelangelo Buonarroti, decide hacer su tesis sobre este singular personaje y sobre la obra más representativa suya, las ilustraciones de la capilla Sixtina. La encantadora y poco brabucona americana comienza a meterse  más en la historia a causa de la curiosidad que le lleva el tener en su mano dos cartas no catalogadas del maestro del renacimiento. Dos cartas que aunque en apariencia no dicen nada, tienen un trasfondo mucho más informativo del que aparenta. 

Es así como la dulce Anne se ve inmersa en una red de mafias episcopales  que tienen un secreto y grandes movimientos de dinero a cuentas bancarias de uno de los Cardenales.  Cabe resaltar que  deja de muy buen sabor de boca la constitución del personaje de Anne. Es un personaje fuerte, decidido, de esos que no esperan a que nadie las salve. Una especie de Lara Croft  pero sin tanto recurso. Usa lo que está a su alcance y lo que su cabeza puede producir. Es impulsiva, como toda buena heroína, y eso la lleva a cometer algunas acciones que pueden ser muy bien evitadas. Anne es un personaje, de los pocos entro de la primera historia, que tiene ética y pasión por lo que hace.  En una de sus tantas “aventuras”, conoce a Giovanni, con quien tiene una sórdida relación y  de quien se termina enamorando. 

Como novela romántica, lo cierto es que Manzano  deja mucho que desear dado a la rapidez con la que pasan las cosas entre ellos, y en ocasiones llegas a pensar que está de más. Pero se justifica en cierta medida al final y el fondo de la historia no está relacionado al romance.    

Giovanni es uno de esos personajes que desde un principio te parecen sospechosos y encantadores; pero sospechoso, al fin y al cabo. Y  con el paso de la historia siempre tienes sobre ellos un ojo encima. Es muy difícil decidir al final de qué bando está, puesto que el escritor no da una respuesta concisa sobre ello. Lo deja en el aire y  con un gusto a final abierto o a continuación.  La idea y la forma de Giovanni como personaje no está tan redonda como Anne u otros personajes. No sabes lo que quieres, por qué hace lo que hace, y cuando piensas que tienes la respuesta, el parámetro cambia y Manzano le da dos o tres vueltas al carácter del personaje. 

Manzano también  nos muestra un Michelangelo bastante diferente, bastante más  humano, con los temores y sentimientos que cualquier  rey a punto de ser destronado podría tener.  Teje la trama de la segunda historia —que ciertamente da vida a la prima— un Raffaelo está a punto de derrocar al maestro de maestro con una máquina que reproduce una copia fiel del modelo. Una máquina que despierta el celo, envidia y odio en Michelangelo. Un odio que nace a razón de todo lo que él mismo tiene que hacer para tener un conocimiento más profundo de las dimensiones perfectas del cuerpo humano. 

Pero ese  Michelangelo es un personaje que debajo de esos sentimientos abrasivos, esconde otros en los que se siente una profunda culpabilidad y se atormenta por reconocerse como el autor intelectual de la muerte de dos poderosos hombres. Presa de ese sentimiento de culpa, utiliza a Gina para  que el mundo lo sepa y así poder expiar culpas. 

La pequeña novela de 158 páginas tiene una estructura narrativa que alterna los capítulos. Ensenándonos así, ases de la historia de Anne y ases de la luz de Michelangelo. 

Lo interesante de esta novela es cómo aúna lo histórico y lo sobrenatural con tal destreza e inteligencia que hace imposible no entender a lo que se está refiriendo. Aunque quien tenga el libro en las manos no conozca a fondo la época en la que se desarrolla todo, es imposible perderse. 

Pero no todo es bueno, tiene algunos altibajos en los que a diálogos se refiere. Frases que no encajan del todo con el contexto y algunas lagunas. No obstante, esas minucias no forman parte decisiva del fondo y trama de la novela. La lectura sigue siendo placentera y nada rompe la  continuidad de la misma que aparte de fantasiosa, tiene un tinte policiaco interesante.  

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